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01.
DESCRIPCIÓN BÁSICA DE LA ENFERMEDAD
I.
Definición
El asma es una enfermedad respiratoria crónica que se caracteriza por
una inflamación del interior
de los bronquios, hiperrespuesta
(irritabilidad de los bronquios) desencadenada por múltiples causas y
obstrucción de la luz bronquial
de forma reversible (estrechamiento que posteriormente puede desaparecer).
Dicho en palabras sencillas, también se la puede definir como una enfermedad
inflamatoria de los bronquios. Es decir los bronquios, que son los tubos
que conducen el aire hasta los pulmones, están obstruidos, estrechados.
En condiciones normales, estos tubos están muy abiertos y no percibimos
el pequeño esfuerzo que realizamos para respirar. En el asma, los tubos
respiratorios se estrechan y, en consecuencia, se necesita un gran esfuerzo
para respirar. El estrechamiento de los tubos respiratorios acontece en
muchas circunstancias diferentes. En ocasiones, simplemente respirando
aire frío, riendo o corriendo; a veces se trata de una sensibilidad inusitada
o alergia a algo presente en el medio ambiente, como granos de polen,
partículas de pelo animal o muchas otras cosas; otras veces se trata de
una infección, un resfriado de los mismos bronquios.
Actualmente se considera que es la inflamación bronquial el factor de
mayor importancia en el establecimiento y cronificación del asma. Esta
inflamación está producida por una serie de sustancias conocidas como
mediadores químicos del asma
(prostaglandinas, leucotrienos, citoquinas, etc), que son a su vez generadas
por una exagerada actividad de un grupo de células, fundamentalmente eosinófilos
(un tipo de glóbulo blanco) y mastocitos. Se desconoce con exactitud porqué
en las personas con asma se desencadena toda esta reacción inflamatoria,
pues todos poseemos estas células, que precisamente están ahí para defendernos
de otras enfermedades, como por ejemplo las infecciones.
Aunque evoluciona de forma crónica, pues es difícil que llegue a desaparecer
(curarse) del todo, afortunadamente la mayoría de las personas afectadas
padecen un asma poco agresivo o leve.
II.
Epidemiología
Su prevalencia (porcentaje de la población que tiene la enfermedad) es
elevada y en adultos oscila entre el 3 y el 9%. Es más frecuente en los
países desarrollados del primer mundo que en los subdesarrollados. Así
en Africa existen países con una prevalencia de 0 y en países centroeuropeos
puede alcanzar hasta el 10%.
Diversos estudios han mostrado que en los últimos 20 años la prevalencia
de la enfermedad se ha incrementado. Se desconoce cual es la causa o causas
por las que estamos experimentando este crecimiento. Una hipótesis reciente
especula con la posibilidad de que dicho incremento, podría guardar relación
con un trastorno de la maduración del sistema inmunitario que padecerían
los niños "industrializados", al estar excesivamente protegidos,
desde el punto de vista sanitario, por el que su sistema inmunitario no
se enfrentaría a un número suficiente de infecciones respiratorias, lo
cual le haría madurar, desde el punto de vista inmunológico, incorrectamente,
desarrollando posteriormente el asma y otras enfermedades alérgicas.
En España, la prevalencia de la enfermedad podríamos decir que es baja
o intermedia, en comparación con la de los países centroeuropeos. Estudios
actuales, estiman que dicha prevalencia estaría alrededor del 3-4%, siendo
el doble para la población infantil.
Respecto a la distribución de la enfermedad por sexos, existe un predominio
de la mujer sobre el hombre en la edad adulta, con una proporción de 2:1;
siendo más igualada en la población anciana. Por contra, en edad infantil
es más frecuente en niños que en niñas.
III.
Causas de Asma
Se deben distinguir dos tipos de causas de asma, totalmente diferentes:
las causas propiamente dichas o factores
etiológicos; y los factores
desencadenantes, que si bien no originan la enfermedad, si pueden
desencadenar una crisis en una persona que previamente padecía asma.
FACTORES
ETIOLÓGICOS
Como se dijo antes las causas reales y últimas de la enfermedad no son
bien conocidas. No obstante, sabemos que existen tres circunstancias que
por sí mismas o asociadas, favorecen la aparición del asma:
la herencia genética. Aproximadamente
la mitad de los asmáticos tienen antecedentes familiares de haber padecido
asma también alguno de sus predecesores. Sin embargo, aún no se conocen
bien los patrones genéticos que condicionan la transmisión de la enfermedad.
la capacidad para desarrollar alergia
por parte del individuo frente a diversas sustancias. Este es un factor
de gran importancia, pues si bien, no todos los asmáticos son alérgicos,
como a veces erróneamente se cree, es cierto que muchos alérgicos padecen
asma (algo más de la mitad). A estas sustancias con capacidad para producir
alergia, las conocemos como alergenos y cuando son volátiles, neumoalergenos. En nuestro país, los neumoalergenos más frecuentes
son: los ácaros, Dermatophagoides
fundamentalmente, que son pequeñas arañas microscópicas que se alimentan
de las células muertas de la piel humana; los pólenes de plantas especialmente
gramíneas, parietaria y árboles (olivo y platanero, entre otros); los
animales domésticos, y concretamente a su pelo, como el de perro, gato
y hámster; y finalmente, hongos microscópicos, domésticos o no, que crecen
en lugares húmedos, como Alternaria
o Aspergillus.
y ciertas condiciones o factores
ambientales. Entre estas englobamos por ejemplo al asma profesional y al tabaco.
Una persona puede desarrollar asma a consecuencia de la exposición continua
y repetida a neumoalergenos laborales, como por ejemplo puede suceder
en carpinteros, peluqueras, industria química, agricultores, etc. También
entre los factores ambientales cabe mencionar, y de forma destacada el
consumo de tabaco, sabemos que los niños nacidos de madres fumadoras y/o
criados en ambientes domésticos de fumadores, tienen mayor predisposición
para padecer la enfermedad
FACTORES
DESENCADENANTES
Estos factores no causan asma, pero si que la desencadenan, es decir ocasionarían
una crisis o producirían síntomas asmáticos, sin que medie un mecanismo
alérgico, como a veces se piensa. Entre estos los más frecuentes son:
- los factores climáticos: frío, humedad, nieve.
- el ejercicio físico intenso.
- los ambientes polucionados y contaminados, especialmente por humo de
tabaco.
- emociones intensas como llanto, risa, miedo, ansiedad.
- infecciones respiratorias, como bronquitis, resfriados y gripe.
- medicamentos: aspirina y derivados, b-bloqueantes (fármacos utilizados para tratar
la hipertensión arterial o en soluciones oftálmicas, el glaucoma).
IV.
Clínica. Síntomas de Asma
El asma es una enfermedad de curso variable. De tal forma que los síntomas
pueden variar a lo largo del tiempo y también entre diferentes pacientes.
A veces estos síntomas son crónicos, o sea casi cada día, y a veces infrecuentes
o solo ocasionales. Incluso cuando son ocasionales, pueden ser muy intensos
o solo leves, tanto que el propio paciente a veces no les da importancia.
Es frecuente confundir estos síntomas con resfriados o gripe, es por ello
que muchos pacientes no reconocen la enfermedad como tal. Es por estos
motivos, que casi cada asmático suele referir los síntomas de forma diferente
y personal. Los principales, son:
- disnea (ahogo). Es
el síntoma más frecuente. Los pacientes la suelen explicar de múltiples
y variadas formas. Es frecuente presentar disnea ante un esfuerzo más
o menos intenso y también por la noche, asociada o no a otros síntomas.
Este ahogo al realizar un ejercicio es más frecuente en niños y adolescentes.
- sibilantes (pitos al
respirar). Quizá el signo y síntoma más característico de la enfermedad,
aunque no exclusivo de ésta. Como su nombre indica, son sonidos en forma
de pitos, más audibles durante la espiración (expulsión de aire por la
boca). Muy frecuente también, suele ir asociado a la disnea, aunque no
siempre. También frecuente por la noche o al amanecer o tras esfuerzo
físico.
- tos. Muy frecuente
también, que a su vez se suele asociar a los anteriores. Acostumbra a
ser una tos seca, irritativa y muy molesta. También a veces con predominio
nocturno o al amanecer. Puede ser frecuente en niños. En ocasiones es
el único síntoma en asmáticos leves, se trata entonces de pacientes con
solo tos crónica, persistente, rebelde a tratamientos sintomáticos habituales.
En estos casos y dada la falta de otros síntomas más comunes de la enfermedad
(sibilantes, disnea), puede resultar difícil realizar el diagnóstico de
asma, sino se tiene en cuenta esta opción.
- opresión torácica.
Síntoma menos frecuente, que cada paciente explica de forma distinta.
Suele asociarse a la disnea. Se trata de una cierta dificultad para respirar,
como si no se pudiese acabar de realizar una inspiración profunda, como
si una opresión de toda la caja torácica les impidiese realizar una respiración
normal.
- rinitis crónica. Se
entiende por rinitis, a la inflamación de la mucosa nasal, que cursa con
obstrucción del paso de aire a través de la nariz, estornudos, aumento
de la secreción nasal ("mocos"), incluso a veces anosmia (pérdida
de olfato). Los casos más graves acaban desarrollando pólipos
nasales, que son como vegetaciones o excrecencias de mucosa nasal
muy inflamada.
- secreción bronquial.
Menos frecuente, pero la enfermedad también afecta a la calidad y cantidad
de la secreción mucosa proveniente de las glándulas mucosas que se encuentran
a lo largo de la mucosa bronquial. Además esta secreción tiene unas características
propias: es habitualmente muy espesa, cuesta expulsarla (expectorar),
en casos extremos es tan espesa como la silicona y forma tapones de moco,
que son auténticos moldes de la luz de los bronquios donde se acumuló.
- otros. Se pueden presentar
otros síntomas o enfermedades tales como sinusitis, eczemas cutáneos,
etc.
V.
Diagnóstico
El diagnóstico de asma se realiza considerando conjuntamente los tres
siguientes apartados:
SÍNTOMAS (sospecha clínica). Ver el listado de síntomas que figuran en
el anterior apartado.
PRUEBAS
DE FUNCIÓN PULMONAR.
Si bien los síntomas de asma pueden ser muy evidentes, conviene siempre
efectuar una confirmación diagnóstica mediante una exploración objetiva
de medición de la función respiratoria. Entre estas:
Espirometría forzada.
Es la prueba más fiable y corriente. Mide el volumen de aire de una espiración
forzada en función del tiempo, a partir de una inspiración máxima.
Prueba broncodilatadora.
Consiste en repetir la espirometría forzada anterior pero a los 15 minutos
de haber inhalado un fármaco con capacidad para dilatar los bronquios
(broncodilatador). Se considera que la prueba es positiva cuando la capacidad
pulmonar mejora significativamente.
Otras: como por ejemplo,
medición de la variabilidad del
flujo espiratorio máximo, consiste en determinar la posible variación
de la función pulmonar por el propio paciente y en su mismo domicilio,
mediante un pequeño aparato portátil; ó pruebas
de broncoprovocación o broncoconstricción, consiste en provocar un
pequeño y controlado estrechamiento o espasmo de los bronquios (broncoconstricción)
ya sea tras la inhalación de una sustancia broncoconstrictora o tras la
realización de un ejercicio.
PRUEBAS
DE ALERGIA
Mediante las que se intenta demostrar un causante alérgico de la enfermedad.
Las más utilizadas son las pruebas cutáneas, mediante la técnica del prick, en las que se inocula una pequeña cantidad del
alergeno a estudiar en la cara anterior del antebrazo; en el caso de resultar
positiva, se produce una pequeña reacción dérmica inmediata en forma de
habón, que aparece en menos de 15 minutos.
En
algunos casos dudosos, se pueden realizar unos análisis de sangre especiales
(determinación de la IgE específica) para demostrar hipersensibilidad
o alergia a una sustancia determinada.
VI.
Tratamiento
Si bien el avance de la terapia antiasmática ha mejorado sensiblemente
en los últimos años, todavía hoy no disponemos de tratamientos definitivos
o curativos. Es por dicha causa que es preferible hablar de asma controlada,
que de curación en sí. Este control
de la enfermedad es el primer y fundamental objetivo que busca el tratamiento
actual. Además debe alcanzarse lo más pronto posible. Se considera que
el asma está controlada cuando existe:
- ausencia o mínimos síntomas que limiten la actividad habitual.
- función pulmonar dentro de los valores de referencia (o la mejor posible)
y con poca variabilidad.
- ausencia de crisis, visitas a urgencias e ingresos hospitalarios.
- ausencia o mínima necesidad de medicación de rescate.
- ausencia o mínimos efectos secundarios ocasionados por los fármacos.
El
tratamiento actual de la enfermedad no se limita solo a administrar una
serie de fármacos, sino que además engloba a un conjunto de medidas terapéuticas
que tienen como objetivo CONTROLAR
la enfermedad. Se agrupan en:
TRATAMIENTO
NO FARMACOLÓGICO
Evitación de Desencadenantes Inespecíficos.
Consiste en evitar o abstenerse de inhalar gases potencialmente irritantes,
fundamentalmente el del humo de tabaco. Así como la de otros gases polucionantes,
tanto en el ámbito laboral (industrias químicas por ejemplo), como doméstico
(humo de cocinas, propelentes, etc).
Evitación
de Desencadenantes Específicos.
Neumoalergenos en pacientes sensibilizados: PÓLENES, durante la estación
polínica mantener las ventanas del dormitorio cerradas tarde y noche y
viajar con las ventanillas del coche cerradas, cambio de domicilio, utilizar
gafas cerradas; ÁCAROS, cubrir
con fundas colchón y almohada, lavar con frecuencia fundas y ropa de la
cama con agua caliente (65ºC), retirar almohadones, tapizados de tela,
alfombras, cortinas y moquetas, utilizar aspirador, limpiar con paño húmedo,
reducir la humedad, y secar la ropa al sol; ANIMALES DOMÉSTICOS, retirarlos
del domicilio.
Fármacos desencadenantes de crisis. Tales como aspirina y otros antiinflamatorios
no esteroideos y b-bloqueantes. En su lugar, emplear otros analgésicos:
paracetamol, dextropropoxifeno, codeína, tramadol, tilitrate y derivados
mórficos.
Educación
del asmático y su familia.
El paciente debe ser adiestrado en:
- Conceptos sobre el asma y su tratamiento. Deben conocer: la naturaleza
crónica de la enfermedad, diferencias entre inflamación y broncoconstricción,
los síntomas de la enfermedad, y la diferencia entre los fármacos broncodilatadores
(o de rescate) y los antiinflamatorios.
- Técnica de inhalación correcta
para cada dispositivo que esté utilizando el enfermo.
- Reconocer y evitar los desencadenantes.
- Reconocer el empeoramiento de su asma.
- Plan de autotratamiento. Medidas que el paciente debe realizar en caso
de deterioro. Debe incluir: el tratamiento de mantenimiento, cuando usar
la medicación de rescate, cuando aumentar la dosis de esteroides inhalados,
cuando iniciar una pauta de esteroides orales y cuando y como pedir ayuda
médica
TRATAMIENTO
FARMACOLÓGICO
Existen dos tipos de tratamiento: el de mantenimiento
o de fondo y el de la crisis aguda.
De mantenimiento
o “de fondo”. Se realiza en función de la gravedad del asma, de
tal forma que si es leve la necesidad de medicación es menor que si es
grave. Los fármacos habitualmente empleados son los denominados PREVENTIVOS,
entre estos cabe citar los esteroides (budesonida, fluticasona, beclometasona)
y los b-adrenérgicos de acción prolongada (salmeterol
y formoterol), ambos administrados por vía inhalatoria y frecuentemente
en combinación. Recientemente disponemos de un nuevo grupo terapéutico
preventivo: los inhibidores de los receptores de los leucotrienos (zafirlukast
y montelukast), que se administran por vía oral (por boca). Todos estos
fármacos se administran de forma contínua, es decir cada día, y bajo control
facultativo.
En caso de aparecer síntomas (no una crisis) se añade además un tercer
fármaco denominado SINTOMÁTICO (para controlar los síntomas). Los medicamentos
habitualmente empleados como sintomáticos son los b-adrenérgicos de corta duración (salbutamol,
terbutalina, procaterol) administrados por vía inhalatoria, y que el propio
paciente se administra en función de la necesidad (a demanda) y como medicación
de rescate. Es decir, si no tiene síntomas no los toma.
Otros tratamientos antiguamente empleados como antihistamínicos o inmunoterapia
(vacunas para la alergia), se considera en la actualidad que son o poco
eficaces o con efectos secundarios potencialmente peligrosos, que los
hacen poco recomendables, especialmente en comparación con los fármacos
hoy disponibles y antes citados.
De
la crisis aguda. Se efectúa mediante medicación SINTOMÁTICA, administrada
a dosis elevadas y de forma continua (a determinados intervalos) de un
b-adrenérgico de corta duración (salbutamol,
terbutalina), junto con esteroides (cortisona o derivados) por vía intravenosa,
intramuscular u oral.
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